Tim Keller | 1 de julio de 2012
Cuando necesitamos que algo se haga en la acelerada cultura de hoy, a la mayoría nos encanta «dejárselo a los expertos». Ya sea porque creemos que no tenemos el tiempo o el dinero, o simplemente porque no nos sentimos suficientemente capacitados, nuestra primera reacción suele ser contratar a un profesional o dejar que se encargue alguien a quien consideramos más entendido que nosotros.
Pero Jesús deja en claro que, cuando se trata del llamado del cristiano a salir al mundo en su nombre, no puede haber sustitución. Seamos quienes seamos, todos estamos llamados a ir y hacer discípulos. Y no solo eso: nuestra personalidad, nuestras experiencias de vida, nuestros dones espirituales e incluso nuestros fracasos nos preparan perfectamente para alcanzar a ciertas personas.
Veamos: 1) cómo hemos de compartir la compasión de Jesús, 2) cómo hemos de compartir la ofensa de Jesús, y, 3) de dónde obtener el poder para hacerlo.