Tim Keller | 29 de abril de 2012
A Jesús nunca le preocupa solamente nuestra conducta; también le preocupa nuestro corazón. En el Sermón del Monte, por ejemplo, enseña que menospreciar a otros con la ira del corazón merece juicio, igual que el homicidio. Pero si eso es cierto, ¿qué esperanza podríamos tener de vivir como Dios quiere que vivamos?
Jesús sabe que nunca podremos vivir una vida perfecta. De hecho, esa es precisamente la razón por la que vino a cumplir la Ley de Dios. Y aun así, nos dice que no vino a abolirla, y que esta sigue siendo crucial para honrar a Dios con nuestra vida.
Exploremos cómo Jesús nos dice: 1) lo que debemos hacer, 2) por qué nunca podremos hacerlo perfectamente por nuestra cuenta y 3) cómo, por medio de él, sí podemos.