Tim Keller | 21 de mayo de 2000
Cuando salimos al mundo como cristianos, Jesús dice que nuestra vida tendrá tres características. Primero, somos sal que preserva de la descomposición a las personas y sociedades que nos rodean. Segundo, inevitablemente seremos heridos por quienes malinterpretan o rechazan nuestras creencias. Por último, seremos como una luz sobre un monte que atrae a personas de todas partes.
La vida de Daniel bajo el rey Darío —incluida la ocasión en que fue arrojado a un foso de leones y rescatado por Dios— pone de relieve precisamente estos principios.
Examinemos: 1) ¿cómo podemos trabajar por la paz y la prosperidad de quienes nos rodean? 2) ¿Cómo responder a la hostilidad en nuestra contra? Y, 3) ¿cómo saber dónde está nuestra verdadera salvación puede resultar atractivo para los demás?